Archivos Mensuales: octubre 2010

Semana 8: Día 51: Entrenando en Rosario

En algún momento iba a pasar. Tengo que viajar, y por primera vez en dos meses hay que ingeniárselas para entrenar bastante lejos de casa.

La travesía tiene como motivo una convención de comics, organizada por el talentosísimo artista Eduardo Risso. Oriundo de Rosario, Santa Fe, se armó de buenos contactos para realizar Crack Boom Bang, uno de los eventos de historieta más importantes de la última década. Se destaca por la presencia de artistas internacionales de la talla de Jim Lee o Brian Azzarello, además de luminarias locales como Carlos Trillo, Solano López y Ariel Olivetti (entre muchos otros). Como comenté alguna vez, comparto con amigos un proyecto de librería/editorial, llamado Moebius Editora, y esta vez me tocó a mi dar la cara y atender el stand.

Así y todo, de lo que realmente vivo es del diseño gráfico freelance. Acabo de terminar (a los tumbos) las últimas piezas para el festival LesGaiCineMad, pero alejarme cuatro días* de los compromisos laborales no viene sin una gran cuota de stress. Estuve trabajando mucho estos últimos días, para no dejar cabos sueltos, y hoy eso me atrasó mucho para llegar al entrenamiento en Acassuso. Pero decidí ir igual, sin importarme si era por media hora. Afortunadamente  no me perdí de mucho, pude correr y hacer abdominales, lo que me levantó muchísimo el ánimo.

Mi gran incógnita con este viaje, y que sabía que en algún momento iba a pasar, es ¿cómo entreno fuera de casa? O sea, en mi departamento tengo pesas, y los días que no hago running suelo hacer ejercicios de pecho, hombro y espalda. Pero ya viajo con una tonelada de libros para Rosario, no me puedo llevar las pesas. Además soy bastante estructurado, sé que si le doy una vuelta al hipódromo son 5,4 km (aprox). ¿Cómo calculo, fuera de mi ámbito habitual, la distancia? ¿Cuento 10 cuadras por kilómetro?

Bueno, estas insignificantes dudas existenciales las iré resolviendo en estos días. Hoy jueves me va a ser imposible entrenar, porque salgo muy temprano y tengo que armar el stand, atenderlo, y dormir algo en algún momento (por los preparativos no creo que pueda dormir mucho). Después tengo que perseguir a Jim Lee por todo Rosario para que me dibuje un Batman que pueda enmarcar y colgar en alguna de mis paredes. Y a partir del viernes, levantarme temprano en el hostel y salir a correr por las calles santafesinas.

Si no tuviese el compromiso de Semana 52 probablemente me tomaría estos cuatro días de “descanso” (aunque lo que menos voy a hacer es reposo). Pero ya fui adquiriendo buenos hábitos estas 8 semanas (alimentarme sin saltear ninguna comida, descansar, hacer mucho ejercicio), así que ya es hora de no dejar de lado las cosas que me hacen bien, aunque esté lejos del hogar.

Objetivos ara los próximos días: buscar cómo seguir la dieta sin tener un horno para cocinar, encontrar el espacio (temporal y físico) para correr, y conseguir alguna computadora con internet para poder actualizar el blog. Todo esto me resulta mucho más interesante que la convención de comics. Eso y mi dibujito de Batman.

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* Sí, cuatro días, jueves, viernes, sábado y domingo. Los diseñadores freelance no tenemos fines de semana.

Semana 8: Día 50: El hambre y las ganas de comer

Hamburgo... Mmmm... Hamburguesa.

Últimamente me pasa algo raro, y es que me dan más ganas de comer durante los días en que hago menos ejercicio.

Es algo que tengo que consultar con mi nutricionista, pero me pareció oportuno investigar en internet. Según un estudio realizado por el departamento de Kinesiología de la Universidad de Massachusetts y de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Missouri, las personas que llevan una vida sedentaria no sólo queman menos calorías, sino que tienen más hambre que las que practican actividades moderadas como caminar. Los científicos llegaron a esta conclusión después de experimentar con seis personas jóvenes (dos mujeres y cuatro hombres), de buen estado físico. Durante días previos se les dio una dieta específica, hasta que comenzó la prueba. El primer día los mantuvo activos durante 12 horas, en las que se sentaban 10 minutos por hora, y consumieron una determinada cantidad de calorías. Entre las cosas que los científicos les pedían hacer estaba caminar, ordenar papeles y acomodar libros. En el segundo día se mantuvieron mucho más inactivos las 12 horas, y sólo se movían en silla de ruedas. Se les suministró las mismas calorías que la jornada anterior. En el tercer día se mantuvieron totalmente inactivos y consumieron calorías proporcionales.

El resultado del estudio arrojó que los voluntarios tenían más ganas de comer durante las situaciones de menor esfuerzo físico. La inactividad puede aumentar la percepción de hambre y disminuir la de saciedad. El ejercicio, aunque sea de baja intensidad como caminar, tiene un efecto reductor sobre el apetito.

El tema es justamente cuando confundimos hambre con apetito, o sea una necesidad fisiológica vital contra ganas de comer.

Aunque suene contradictorio, el ejercicio no aumenta la necesidad de llevar comida a la boca. Puede llegar a disminuirla, especialmente si se hace ejercicios de resistencia. Al elevar el nivel de endorfinas aumenta la sensación de bienestar, que evita las “ansias” por comer y ayuda a regular nuestra alimentación. Por eso es tan importante alimentarnos bien en carreras exigentes, antes de que haga ruido la panza.

Más allá de que la actividad física evite el ansia por comer, eso no quita que después no necesitemos reponer hidratos de carbono o líquido. En mi caso particular, después de una hora y media de entrenar, me suele dar hambre, lo que posiblemente sea un indicio de que estoy quemando más energía de la que consumo. Por lo pronto, siempre que voy a correr con los Puma Runners me llevo agua y una fruta. La hidratación es para antes, durante y después de ejercitar. Y para cerrar el entreno, me como una manzana (mucho más sano que tentarse con galletitas o snacks), y eso me ayuda a llegar a la cena o al almuerzo.

No es cierto que las dietas están hechas para pasar hambre. Pero me pasó algún día en el que no corrí que quise atacar a la heladera. Por eso es fácil hacer dieta cuando uno vive solo: al comprar tu propia comida, es difícil que almacenes galletitas, dulces o gaseosas; probablemente sólo compres frutas, verduras y bebidas light. Pero, ¿cómo diferenciamos el hambre de las ganas de comer? Muy fácil, aplicando el dicho de “cuando hay hambre no hay pan duro”. No existe el “hambre de algo rico”… eso está más cerca de un capricho que una necesidad fisiológica.

Lo ideal para quien se preocupa por su cuerpo (y para deportistas en general) es darle al cuerpo los nutrientes que necesita, hiratarse bien, y evitar el picoteo… Y no confundir, durante los días de menor actividad, el hambre con el antojo.

Semana 7: Día 49: Explotó el blog

Este blog siempre estuvo rodeado de incertidumbre. Si lo iba a sostener en el tiempo. Si alguien lo iba a leer. Si me iba a aburrir. Pero ya estamos arañando los 50 días continuados de entrenamiento y alimentación responsable, y el proyecto sigue creciendo.

En el día de ayer tuve una breve charla con la gente de Lado B, programa conducido por Diego Scott y Úrsula Vargues, que va de 7 a 10 AM por Blue FM (100.7). Y mientras el promedio de visitas en Semana 52 estaba en 80 por día, a la hora de salir al aire ya habían entrado 400 personas. Esto me motivó a reintentar algo en lo que había fracasado originalmente, que era replicar el blog en Clarín. Los planetas se alinearon y esta vez pude conseguir que me llegara el mail de confirmación. Con estos dos espaldarazos, el blog obtuvo 1500 visitas en menos de 24 hs. Como mis conocimientos tecnológicos me impiden agregarle un contador de visitas al blog de Clarín, no sé a ciencia cierta cuántas personas ya están leyendo este reality online. Pero son más de las que alguna vez imaginé.

Semana 52 empezó como una apuesta personal, a ver si podía lograr un mejor físico y desarrollar una mejor disciplina alimenticia. Y, de yapa, poder recuperar el hábito de escribir. En el camino me encontré con gente a la que esta experiencia la motivaba, lo que le dio un nuevo sentido al blog. No soy un especialista en deporte, no tengo un físico privilegiado. Sólo soy terco (pero, a los efectos del marketing, digo que tengo “determinación”). Los cambios en mi rutina de alimentación y en mi físico llegaron más rápido de lo que me imaginaba, y el único secreto fue la perseverancia. Creo que por estas cosas tanto deportistas profesionales como amateurs encuentran algo con lo que identificarse. Y la determinación es un valor que tenemos que atesorar y alentar.

Algunos visitantes compartieron en los comments sus historias personales, y cómo también decidieron dedicarle un tiempo a su propio cuerpo. Eso es una recompensa muy valiosa a nivel personal. El hecho de que el entusiasmo sea contagioso me va a ayudar a atravesar los 315 días que le quedan a Semana 52. Quizá hasta me surjan ganas de seguir, más allá de la meta final. El 1 de septiembre de 2011 lo sabré.

Si dejamos el autobombo de lado, ¿qué le queda al blog? La experiencia de ayer: tuvimos entrenamiento con los Puma Runners, y aprovechamos para regar nuestro pino. Hicimos progresiones y completamos unos 10 km al darle la vuelta al hipódromo. Coronamos con abdominales, espinales y flexiones de brazos. Un día muy completo.

Aproveché también para relevar cuáles son las carreras que le quedan a 2010. No son tantas. Está la de los Callcenters, de 5 km (buena oportunidad para practicar velocidad), la Merrel Nocturna (21 km de noche), y ya se termina el año. Me dijeron que en diciembre se corren 42 km en las calles de Mar del Plata, y me sonó muy tentadora. Quedé enloquecido con mi primera maratón, y tengo ganas de volverla a hacer para aplicar las cosas que aprendí. Además, este jueves viajo cuatro días a la ciudad de Rosario, así que tengo que ver cómo me las ingenio para entrenar y actualizar el blog fuera de casa.

Parece que, aunque se fueron resolviendo, hay nuevas incertidumbres. Los espero, entonces, para ver cómo sigue esta historia. Perdón si cierro con un cliché de corredor, pero todavía queda mucho camino por recorrer…

Semana 7: Día 48: Tomar gaseosas y correr

La mejor herramienta para aflojar tuercas y dientes

¿Hay algo mejor que tomar una botella de Coca-cola fría y burbujeante, después de un caluroso entrenamiento? Sí, no tener caries, gases, dolor de panza, osteosporosis ni deshidratación.

La publicidad nos ha enseñado que la Coca, Pepsi y otras gaseosas tienen el secreto de la felicidad. En la tele los jóvenes la usan para tener confianza en sí mismos, para seducir a otras personas y para quitarse la sed. Quizá sea cierto y tiene un efecto afrodisíaco desconocido por mi, pero está bastante lejos de ser una bebida recomendada. Lo que me sorprende es que estas empresas no publiciten sus productos como lo que realmente son. “¡Probá nuestra refrescante Coca-Cola! No sólo te quita la sed, ¡sino que remueve el óxido de tuercas y tornillos! ¡Imaginate los beneficios que tendría para tu organismo!”.

Entre los motivos para tenerla lejos está el efecto diurético que tienen, y que son calorías vacías. O sea, no tienen vitaminas, ni minerales, ni grasa, ni fibra, ni sal. Nada relevante nutricionalmente. Pero no sólo eso, el azúcar y el sodio deshidratan el cuerpo, lo que causa que se resientan más las articulaciones de los corredores. También está probado que debilita los huesos (recordemos, le quitan el óxido a las tuercas), y hace que el cuerpo tenga que filtrar ciertos componentes, lo que termina quitándonos vitaminas y minerales. Aún en los casos en que no tienen azúcar.

No es raro que en carreras de grandes distancias, tomar gaseosa provoque calambres y diarrea, incluso si son light. Estas bebidas tienen un alto contenido de fructosa o sacarosa como endulzante. En el tracto digestivo, la sacarosa se divide en glucosa y fructosa. Hay algunas marcas que tienen cafeína, que también aflojan los músculos, y sumado a la fructosa favorecen a las famosas “paradas técnicas” entre los yuyos. Además, muchas gaseosas no tienen sodio, lo cual podría sonar como algo bueno, pero afecta el balance de electrolitos y favorecen los calambres.

La Coca-Cola y otras gaseosas se acidifican con ácido fosfórico. Cuando los alimentos bajan por nuestro intestino delgado, el aparato digestivo agrega bicarbonato para subir el pH. Así es como podemos recurrir al calcio de lo ingerido, pero este elemento precipita cuando reacciona con el fostfato. En resumen: el calcio deja de estar disponible para absorción, por lo que las gaseosas en exceso debilitan los huesos.

Investigando sobre este tema, me encontré con la teoría paranoide de la semana, tan descabellada que quizá sea cierta: Las empresas que hacen gaseosas y comida chatarra le quitan nutrientes a sus productos por la sencilla razón de que un cuerpo mal alimentado va a intentar comer más, buscando esos elementos que no tiene.

Las bebidas diet o light tampoco son la alternativa. En un estudio que cubrió “The New York Times” se relevaron los casos de más de 9.500 personas a lo largo de 9 años. Los resultados dieron que aquellos que tomaban al menos una vez al día gaseosas dietéticas tenían 34% más riesgo de tener Síndrome Metabólico (presión alta, colesterol, alta glucosa en sangre y obesidad abdominal) que aquellos que tomaban la versión común.

No soy amigo de las gaseosas en general, ni siquiera de la soda. Hubo un tiempo, antes de hacerme vegetariano, en que mi comida favorita eran dos hamburguesas con queso de McDonald’s, papas fritas y un vaso grande de Coca o Sprite. Más allá de que las publicidades nos quieren imponer que este menú es la llave de la felicidad, esta había sido mi recompensa durante una agotadora convención en la que trabajé, así que yo mismo lo asociaba con algo agradable. Hasta que un día empecé a notar que tomar gaseosas me hacía doler los riñones. Después de sufrir cálculos, abandoné cualquier bebida con agua carbonatada (excepto alguna eventual cerveza, pero esa es otra historia).

En la última década me dediqué a revolver las gaseosas para sacarle el gas (cosa que me hizo impopular a la hora de compartir), y doy gracias a que con Semana 52 encontré una buena excusa para abandonarlas definitivamente.

Semana 7: Día 48: Entrevista en FM Blue, 100.7 – Lado B

 

Úrsula Vargues y Diego Scott

 

Interrumpimos la transmisión habitual de este blog para hacer un poco de autobombo. La producción del programa radial Lado B, conducido por Diego Scott y Úrsula Vargues, me contactó para hacer una entrevista sobre Semana 52 en escasos minutos (9:15 AM), dentro de su sección de reseñas de blogs.

Desconozco la extensión y profundidad que tendrá la conversación, quizá sean 5 minutos, pero es una alegría inmensa poder llegar a más gente, y les estoy enormemente agradecido (en especial a Luis Díaz, quien tuvo la idea). Adjunto el audio, para poder escuchar la entrevista:

Semana 52 en Lado B

Justo estaba escribiendo la entrada de este día, así que esperaré a salir al aire para seguir escribiendo contra las gaseosas (supongo que Coca-Cola nunca va a auspiciar este blog)…

Edit 11:00 AM: Una hora después de salir al aire, el tráfico del blog aumentó 10 veces… Qué locura…

Semana 7: Día 47: Qué comer antes, durante y después de correr

 

Este corredor, además de reloj con GPS, lleva el camel que le permite hidratarse durante la carrera

 

“¿Cuánto tiempo tengo que esperar entre que desayuno y salgo a correr?”, me preguntó mi hermano Santiago, quien está dando sus primeros pasos en el running.
“Yo diría una hora”, respondí.
“¿Tanto? Llego tarde al trabajo…”, retrucó.
“Sinceramente dicen que hay que esperar dos horas”, me sinceré, “pero está en cada uno”.

No existen reglas aplicable a todas las personas. Pero algo que es universal es que el alimento es nuestro combustible, y cualquier actividad física que hagamos mal alimentados, termina teniendo consecuencias negativas en nuestra salud.

Con la tristísima historia del infarto de Romina Yan, empecé a escuchar muchas historias: que se estaba preparando para una carrera de 5 km, que forma parte de un alarmante índice de jóvenes deportistas que sufren del corazón, que tenía trastornos alimenticios… realmente no sé a ciencia cierta qué hizo que su corazón dejara de funcionar, pero alrededor de esta tragedia pasaron dos cosas que me parecieron importante destacar. Una, continuó alimentándose el mito de que el simple hecho de hacer deporte puede hacer mal al corazón (en especial de las mujeres). No es cierto, y lamento que esto le provoque miedo a jóvenes y nuevas deportistas. Otra, aunque no lo sabemos y no viene al caso, empezó a hablarse de trastornos alimenticios, y es algo que no debería ir de la mano con una actividad deportiva.

Mi nutricionista siempre usa el ejemplo del auto que va a la ruta, y que para llegar a Mar del Plata necesita el tanque de nafta lleno: si no se queda a mitad de camino. Es una metáfora simple, pero muy concreta: no podemos pretender un aumento en nuestra actividad física sin alimentarnos correctamente. El problema es cuando se liga hacer deporte con adelgazar, y mucha gente cree que una dieta es matarse de hambre. Me pongo de ejemplo a riesgo de quedar como un soberbio, pero yo no paro de comer (correcta y responsablemente) y sigo bajando de peso.

Como decía antes, cada persona es un mundo, así que dependiendo de los hábitos, contextura física y tolerancia de cada persona, la dieta irá variando. A mi me suele alcanzar una hora de distancia entre una comida y la actividad deportiva. Por supuesto que yo consumo alimentos “livianos”, pero tengo compañeros Puma Runners que, media hora antes de empezar el entrenamiento, se bajaban dos facturas, cosa que a mi me resultaría imposible. Durante las carreras, yo tolero más las naranjas que la banana, y mi nutricionista me decía que suele ser al revés. Descubrí también que las pasas de uva son espectaculares para comer mientras corro, pero hay personas que no las toleran.

Por eso lo importante es (una vez que sabemos qué alimentos nos ayudan y cuáles son un lastre) experimentar. Ir probando si un té con leche nos cae pesado, si las frutas nos dan hinchazón de panza, o cuánto tiempo necesitamos esperar para correr. Quizá no haga falta una hora entera para poder empezar a entrenar, en una de esas con media hora no tenemos problema. Pero hay que medirlo con cuidado y responsabilidad.

La energía que consumimos es para ese momento. Si bien hay componentes que se acumulan, el plato de fideos del martes no me sirve para el jueves. Lo que consumamos de desayuno nos va a servir para la mañana, no para la tarde. No perdamos de vista que el cuerpo necesita energía todo el tiempo, para pensar, para que funcionen los órganos, para caminar y hasta para estar parados. Hacer actividad física requiere que incorporemos más energía, no menos.

Deberíamos priorizar, para la previa al deporte, alimentos que sean fáciles de digerir y que tengan energía (todavía no entiendo lo de las medialunas, pero quizá haya gente a la que le funcione…). Mis comidas básicas combinan proteínas, hidratos y verduras. Ya hablamos anteriormente que para competencias muy exigentes, como el caso de la maratón, la cantidad de fibras bajaba considerablemente, y la de hidratos de carbono aumentaba. Las pastas son una buena fuente en estos casos, pero no son el único alimento que tiene hidratos. También está la papa, el arroz, los cereales (mejor los que no contengan fibras, para el caso de la maratón), las arvejas, el chochlo, el pan.

Durante la carrera, nada mejor que un plato de ravioles con pesto. No, mentira; durante la carrera y hasta en el entrenamiento, es importantísima la hidratación, sea agua o bebidas deportivas. Quizá una fruta si nos da hambre, dependiendo de nuestra tolerancia. Para las competencias largas están los geles, que suelen tener un sabor bastante espantoso (los que consumí en la maratón me destapaban la nariz). Son una fuente muy importante de energía, pero no provocan sensación de saciedad. Igual, cuando ya van dos horas de que estás corriendo, probablemente pienses más en terminar que en comer. Algo que probé en un entrenamiento largo y que me funcionó muy bien fueron los sobres de azúcar. Es energía pura.

Para después lo importante son los hidratos y el agua, para recuperar todo lo que perdimos. Si hacemos un entrenamiento liviano, probablemente podamos saltearnos este paso y directamente esperar a la siguiente comida. La verdad es esa, uno tiene que armar su propio plan, porque nadie conoce nuestro cuerpo mejor que nosotros mismos, y cada situación va a requerir una estrategia distinta.

Lo más importante es no olvidar que alimentación y deporte son dos cosas que van de la mano. No se podemos pretender un cuerpo saludable si  comemos y no hacemos actividad física, como tampoco podemos pretenderlo si sólo hacemos deporte y no nos alimentamos bien.

Semana 7: Día 46: Consejos para corredores debutantes

Sí, no es la primera vez que armo un post sobre cómo empezar a correr. Pero no va a ser la última, y a medida que pasan los días y las semanas, me cruzo con más gente que quiere consejos sobre cómo empezar a correr.

Jamás me imaginé que me iba a encontrar en esta situación. Hoy, durante el entrenamiento con los Puma Runners, le contaba a mi compañera Deepy que yo era un adolescente que detestaba correr. Y me sorprendía cómo me impactó cuando, hace una semana, mi papá (referencia deportista inalcanzable durante mi vida) me dijo que cuando corriese la maratón iba a superar su marca de distancia máxima.

Pero en algún momento se me cruzó la idea de Semana 52, y cuando empecé a postear mi experiencia corriendo y entrenando, ocurrió algo inesperado y emocionante: comenzó a germinar el mismo entusiasmo que yo tenía, pero en otras personas.

Fue el caso de Lau, que empezó a salir a caminar para poder prepararse para una carrera de 5 km. Aunque no haga la competencia corriendo, ya sabe que va a llegar, y algo cambió en ella. O mi hermano Santiago, fanático número uno de este blog, que finalmente empezó a salir a trotar para “ver qué pasa”. Y están quienes este blog no les llegó desde la parte física, sino emocional, por el compromiso y la autosuperación. Imagino que existen blogs como este en todas partes del mundo, pero está bueno ver que esto pasa con la gente que me rodea.

Por eso, charlando con ellos, me di cuenta de que tenía nuevas cosas para recomendar.

Primero, si tenés la motivación, ya estás ahí. Sólo hace falta encontrar el momento de tranquilidad en el día. Algunos lo tenemos a la mañana, entre el desayuno (temprano) y empezar a trabajar. Otros por la tarde, cuando cae el sol y la gente empieza a volver del trabajo. Pero la motivación es todo: si hay ganas, es cuestión de dedicarle tiempo, nada más.

Segundo, y no menos importante, hay que tener paciencia. No sólo porque los cambios no son de la noche a la mañana, sino principalmente porque muchos se cuestionan qué comer, qué calzado usar, qué distancia correr… Empezar a entrenar tiene que ser algo divertido, y gradual. Todavía tenemos que averiguar nuestro límite, qué nos gusta, cómo nos afecta. Ya llegará el momento de profesionalizarse, de medir carbohidratos, kilómetros, etc. No son cosas poco importantes, pero hay un momento para todo, y no es al principio.

Tercero, todo sirve. No importa si “sólo” son cuatro vueltas a la plaza, ¡ya estás empezando! Hay algo hermoso en pasar de desear algo a hacerlo. Haber arrancado es motivo de orgullo, sea la distancia que sea. Empezar con lo mínimo e ir subiendo es la clave para progresar. Aunque los primeros pasos sean caminando.

Cuarto, aguantar. Hasta que enganchemos la sintonía, no asustarnos si al cabo de un tiempo parece una actividad solitaria, o aburrida. O si un dolor nos asusta. No hay techo en el entrenamiento, sólo el que nos pone el miedo. Hay que seguir, porque como decíamos en el párrafo anterior, todo sirve, y el esfuerzo sostenido en el tiempo tiene enormes resultados.

Quinto, no te subestimes. Si empezaste a correr ya estás haciendo algo importantísimo por vos mismo. Es más de lo que mucha gente puede decir. Entrenar es algo que hacemos por nosotros. Saquémosle la parte física, lo de ligarlo a una cuestión estética o de competitividad. Estamos haciendo algo que no tiene absolutamente nada que ver con el trabajo o con las responsabilidades. Es una actividad pura y exclusivamente personal. Sé que puede confundirse con egoísmo, pero no es lo mismo ser generosos con nosotros mismos que ser egoísta. Ya correr un kilómetro y hacerlo continuamente es empezar a valorarnos. Y es importante tenerlo en cuenta.

Sexto, y esto jamás lo recomendé anteriormente, llevá un registro. Yo jamás lo hice, y eso que Allan Lawrence, autor de Autoentrenamiento para Corredores (el libro más citado en este blog) lo recomienda. Recién ahora con Semana 52 empecé a hacerlo, y aprendí qué valioso es. Porque todo pasa, siempre hay un objetivo superado seguido de uno nuevo. Y está bueno volver atrás y averiguar qué pasaba por tu cabeza en un determinado evento. O poder medir concretamente el paso del tiempo, o la distancia entre carreras. Es, quizá, más relevante en el entrenamiento de alguien avanzado, pero suma mucho para darte cuenta de que te lo estás tomando en serio. Por ahí se limite a poner una nota en tu Facebook (porque a esta altura ya todos tenemos Facebook, ¿no?), o un mail a tu familia o alguien a quien valores deportivamente.

Y por último, no dejes de preguntar, aunque parezcan cosas obvias. Todo es aprendizaje, y nunca dejamos de aprender.

Semana 7: Día 45: La influencia de la suerte

¿¿¿POR QUÉ A MI??? (bueno, probablemente porque ignoraste el cartel)

Más de una vez escuchamos esta situación.

Un corredor, llamémosle Filípides, corre todos los días: entrena durante semanas, meses, años. Sigue una alimentación responsable, elige correctamente el calzado, se mentaliza en la meta. Llega el ansiado día, está temprano en la línea de largada, y se asegura de que no le falte nada. El cronómetro llega a cero, y la carrera empieza. Hay mucha expectativa, tanto personal como por parte de los demás. Pero por alguna razón el aire no alcanza, o el paso se hace difícil, o le queman los músculos o aparece algún calambre. O todas esas cosas juntas. Y Filípides, cuando le preguntan por qué murió al llevar el mensaje de victoria desde Maratón hasta Atenas, responde de la forma más sincera posible: “Supongo que tuve un mal día”.

Como no existen los errores y todo es aprendizaje, este corredor intenta incorporar esta experiencia para siguientes entrenamientos. Pero como no sabe qué hizo mal, deduce que a veces los planetas no se alinean, que por no haber dado limosna en el subte el universo lo castiga, o se convence de que una fuerza misteriosa decide por uno si tiene un buen o mal desempeño. Confirmamos que Dios sí juega a los dados con el universo, y aunque nos esforcemos, el destino es algo que no podemos controlar.

Pero hay algo que nunca, jamás pasa. Si por hechos fortuitos, o por cuestiones místico/azarozas uno puede tener malos días, también debería tener una proporción similar de buenos, ¿no? Si el desempeño baja en un 50%, no sería descabellado asumir lo opuesto, y que una mañana descubramos que pudimos correr al doble de nuestra velocidad habitual. Por estadística, los corredores deberían tener una cantidad proporcional de días buenos. Y si no es el entrenamiento o nuestras decisiones lo que influyen, a todos los competidores les debería pasar lo mismo.

Bueno, la realidad es otra. Ese corredor al que llamamos Filípides, que cree que se murió en Atenas porque tuvo un mal día, corrió más de lo que su cuerpo podía soportar. El viernes anterior a la batalla de Maratón comió asado en exceso, se emborrachó con vino y bailó hasta las 4 de la madrugada. Descansó todo el sábado, convencido de que con eso ya reparaba cualquier exceso. Para la batalla no se envaselinó los pies, la entrepierna ni las axilas, y no se hidrató correctamente. “Qué mala pata”, dicen que fueron sus últimas palabras.

A veces cometemos los mismos errores que Filípides (y esperemos que con resultados menos trágicos), y no nos damos cuenta de que todo es una consecuencia directa de nuestros propios actos. Muchas veces pensamos como él que nuestro rendimiento bajó porque tuvimos “un mal día”, mientras que los “buen día” no hacen que corramos más o mejor, sino que sólo lo podemos aplicar a cuando tenemos un desempeño “normal”. O sea que la suerte tiene poco que ver.

Seguro, puede llover o no, pero tiene más que ver con las diferencias de presión y el ciclo de evaporación, condensación y precipitación del agua, que con la suerte. La verdad es que no existen los malos días, sino el mal entrenamiento y las malas decisiones. En una carrera por debajo de nuestro nivel habitual, lo ideal es evaluar qué hicimos distinto. Probablemente, más que el karma alineando el universo, descubramos que no estamos alimentándonos correctamente (el cuerpo necesita combustible constantemente, incluso para actividades supuestamente pasivas como pensar, respirar o hacer la digestión). O quizá encontremos que es hora de cambiar de calzado, o de no intentar seguirle el ritmo a un corredor claramente más entrenado que nosotros.

Alguna vez, en los Puma Runners, intenté ir con ese pelotón de corredores que hacían el mejor tiempo. Hacia la mitad del entrenamiento sentí esa horrible punzada en las costillas, tan fuerte que me obligó a parar. Al principio me dio bronca, porque estaba manteniendo un buen tiempo y justo había tenido la mala suerte de no respirar correctamente. Pero ya decir esta frase revela la falacia: la correcta oxigenación no es responsabilidad de nadie más que del propio corredor.

Y aunque no lo parezca, soy un tipo que cree en el karma, en que si uno hace cosas buenas, le van a ocurrir cosas buenas. También creo en enmendar los errores, y que eso suma puntos a algún nivel del orden cósmico. Pero me es imposible pensar que una lesión o un mal desempeño sea a causa de la suerte. Prefiero pensar que tengo a mi cuerpo bajo control, en lugar de echarle la culpa al azar si algo no sale como esperaba.

Semana 7: Día 44: Corredores Célebres: Emil Zátopek

 

Zátopek (oro) junto al argentino Gorno (plata), al finalizar la maratón de las olimpíadas de Helsinki 1952

 

Casi de casualidad me crucé con la vida de uno de los corredores más prestigiosos de la historia, el checoslovaco Emil Zátopek. Su vida está llena de anécdotas, récords aún no igualados, y es quien inventó un método de entrenamiento que prácticamente todos los aficionados al running usamos hoy en día.

Nació el 19 de septiembre de 1922, dato que se vuelve muy interesante cuando nos enteramos de que ese mismo día nace Dana Zátopková, campeona olímpica de jabalina y su futura esposa.

A los 19 años trabajaba en la fábrica de calzados Bata, y el resto de su tiempo lo dedicaba a correr. Su impresionante carrera empezó de forma anecdótica, ya que la empresa patrocinaba cada año una carrera en la que el pueblo estaba obligado a competir. Arrastrado hasta la salida, no tuvo otra que competir y, ante su sorpresa quedó segundo, lo que le impulsó a participar en otras carreras.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Zátopek se enroló en el ejército para seguir la carrera militar. Su país, la desaparecida Checoslovaquia, quedó bajo el dominio de la Unión Soviética. En los Campeonatos de Europa de 1946, celebrados en Oslo, fue quinto en los 5 mil metros. Dos años más tarde vinieron los Juegos Olímpicos de Londres, en los que ganó la medalla de oro en 10 mil metros con un nuevo récord olímpico (29 minutos, 59 segundos y 6 centésimas) que dejó impresionado al público del estadio. En los 5 mil metros llegó segundo.

Zatopek reveló su secreto a finales de la década de 1940, cuando declaró que al ser el corazón un músculo, podía fortalecerse. Siguiendo este razonamiento, desarrolló un programa de entrenamiento que forzaba al corazón, permitía que se recuperase ligeramente, y volvía a forzarlo. Este fue el nacimiento de las carreras de intervalo, y este tipo de entrenamiento (trabajo-recuperación-trabajo) es el fundamento de todos los modernos métodos de entrenamiento. Durante esta época batió cinco veces el récord mundial de los 10 mil metros, una vez el de las diez millas, dos el de los veinte kilómetros, dos el de la hora y una el de los treinta kilómetros.

Después de la guerra, en Checoslovaquia era difícil encontrar buenas zapatillas, incluso cuando la participación de Emil Zatopek en las competiciones comenzó a ser más profesional. Por eso sus compañeros en la fábrica de Moraba le daban unas zapatillas en cuero rojo a escondidas, especialmente diseñadas para las carreras. Con ese calzado Zátopek pudo batir 18 récords del mundo en apenas seis años.

Su mayor hazaña fue en las Olimpíadas de Helsinki, en 1952. Zátopek ya se había llevado el oro en los 5 mil y los 10 mil metros (rompiendo el récord mundial en ambos casos), y competía por primera vez en una maratón. El favorito era el británico Jim Peters, quien ostentaba la mejor marca del mundo con 2-20:42.2. Por otra parte, competían los argentinos Reinaldo Gorno y Delfo Cabrera, el último campeón olímpico. La carrera se realizó el 27 de julio, el día posterior a la muerte de Eva Perón. Gorno y Cabrera, ambos peronistas, declararon estar muy afectados, y aunque reconocían que esta noticia afectaba su concentración, dijeron que el recuerdo de Evita les dio fuerzas para no abandonar.

Zátopek desconocía los tiempos, pausas y velocidades de una maratón, así que decidió seguir a Jim Peters, quien le impuso a su paso un ritmo excesivamente veloz que lo mantuvo al frente. Aproximadamente en el kilómetro 18, Zátopek le consultaba al extenuado británico “¿No es un poco lento el ritmo que estamos llevando?”. “Demasiado lento”, respondió Peters, quien más adelante se vio obligado a abandonar por calambres, en el km 25. El checo entendió que entonces tenía que acelerar, y se alejó del resto de los competidores. Llegó solo a la meta, y esperó dos minutos y medio al segundo, el argentino Gorno, para felicitarlo y compartir con él una naranja.

Después de la competencia, Zátopek contó que había cruzado la meta totalmente exhausto, y que durante una semana no pudo caminar. Pero reconoció algo con lo que los corredores nos podemos identificar, que fue el cansancio más lindo de su vida. Su hazaña (oro en 5, 10 y 42 km en la misma Olimpíada) sirvió para desmitificar el maratón y demostrar que se podía compatibilizar con las otras dos carreras. Nunca, jamás, alguien volvió a ganar en las tres competencias durante el mismo año. Volvió a correr en la siguiente cita olímpica, aunque la edad y sus lesiones le impidieron alcanzar glorias pasadas. Se despidió del atletismo profesional en 1958.

Pero un ícono deportivo era necesario para el Estado, que quería demostrar que Zátopek era “la prueba de que el socialismo podía crear a los mejores deportistas”. El régimen socialista, temeroso de que el atleta decidiese “escapar” aprovechando alguna de las muchas invitaciones que recibía de la Europa occidental o de Estados Unidos, limitó sus desplazamientos y lo transformó en un rehén del sistema.

Zátopek era un héroe nacional, y ascendió hasta el grado de coronel. Pero debido al apoyo que prestó en 1968 a Alexander Dubcek, durante la llamada primavera de Praga, fue expulsado del Partido Comunista y del Ejército. Era un patriota liberal, criticó abiertamente el dominio absoluto de la URSS sobre su tierra natak, y declaró que, para sobrevivir, el comunismo debería dar a sus adherentes ayuda para respirar. Comenzó entonces una etapa oscura de su vida en la que el gobierno intentó humillarlo, obligándolo a hacer trabajos forzados, como limpiar las calles. Pero la gente lo amaba, y cuando lo veían trabajando lo aplaudían, y tiraban la basura y barrían por él. Tras retractarse en 1975, con una carta que él firmó pero que no escribió, su figura fue rehabilitada en parte por el régimen comunista.

En los últimos años de su vida trabajó como profesor de Educación Física y mantuvo su cargo en el ejército de la República Checa (que, junto a Eslovaquia, son los países que anteriormente formaban Checoslovaquia). En 1997, a los 75 años, fue nombrado “Mejor Atleta del Siglo”. Falleció en Praga el 22 de noviembre de 2000, a causa de un derrame cerebral.

Zátopek partició en 334 carreras, donde logró 261 victorias (un impresionante 78%). Obtuvo 18 récords del mundo, y en los Juegos Olímpicos ganó 4 medallas de oro y una de plata. En competencias en Europa cosechó tres oros y un bronce, y ganó 8 campeonatos nacionales y 38 carreras de 10 mil metros, ganadas de forma consecutiva. Se crió en un país difícil, autoritario, y nos demostró que correr y olvidarnos de todo lo que nos oprime es una de las formas más efectivas que tiene el hombre para poder escapar.

Semana 7: Día 43: Registrar el progreso

Foto tomada por Germán, de Puma Runners

Entre todas las cosas que es Semana 52, estaría la de ser una bitácora  de cómo avanzan las cosas. Basta con ir al historial, a la Semana 1: Día 1, para ver cómo empecé, y compararlo con cómo estoy ahora. No por una cuestión narcisista, sino para comprobar que la dedicación y el compromiso da muchos resultados.

Generalmente nos cuesta notar cambios en nuestro cuerpo. Probablemente tenga que ver con que nos vemos todos los días, en el espejo del baño, mientras nos vestimos o reflejados en una vidriera. Y estar tan cerca de nuestro físico hace que nos cueste ver si conseguimos alguna diferencia.

A todos nos habrá pasado volver de una vacación y que un amigo, al que no vimos mucho tiempo, nos diga qué tostados que estamos, mientras que para nosotros era algo muy sutil. O que nos digan que bajamos de peso: siempre desconfiamos de ese halago porque creemos que sólo intentan ser corteses.

Es por eso que mi amigo Fito, ilustrador y entusiasta del fitness, siempre me recomendó sacarme fotos a lo largo de un entrenamiento y así poder notar cambios. Y no hay nada que entusiasme más que ver que tu esfuerzo rinde sus frutos.

Cada dos miércoles subo cuatro fotos de mi físico: frente, espalda, costado y bíceps. Este último no lo he empezado a trabajar, y probablemente siempre esté igual. Lamento no haberle hecho caso a Fito de sacarle también fotos a mis piernas, pero yo creía que era la parte más entrenada de mi cuerpo (ahora creo que no hubiese estado de más). Gracias a estas fotos puedo ver si lo que entreno impacta en mi cuerpo, y a esta altura no me quedan dudas de que así es.

Hay otras formas de registrar el progreso, que tienen que ver con el día a día. Por ejemplo, se me empezaron a caer los pantalones. Ya definitivamente bajé uno o dos talles, puedo ponerme y sacarme los jeans sin desabotonarlos. Además tuve que hacerle un nuevo agujero al cinturón, para no quedarme en ropa interior mientras voy caminando por la calle. Y es un orgullo muy grande ver estas pequeñas cosas.

Otra forma de notar los cambios es en los ejercicios, cuando algo empieza a parecer más fácil. Es el caso de las abdominales; subo con una facilidad que hace dos meses envidiaba en otros. Y empecé a subir, de a poco, los kilos en las pesas. Ya estoy gestionando empezar a ir a un gimnasio en breve, porque más allá de abdominales y espinales, hacer musculación en mi casa me está quedando chico.

Así que tengo que empezar a recomendar estas pequeñas cosas, porque algo que hace que mucha gente se frustre y abandone un entrenamiento es que espera resultados inmediatos. A veces los cambios están y nos parecen imperceptibles. Pero más que nada hay que tener paciencia, constancia, compromiso. Me tomó un mes bajar 5 kg, y no hice nada mágico ni dolorosamente exigente que no fuese hacer caso a lo que me decía Germán, de Puma Runners, o a mi nutricionista.

Pero también está el caso de los conformistas, quienes al ver un cambio ya se sienten sastisfechos y se plantan. Es una pena, porque generalmente se ponen una meta cercana, la alcanzan pronto, y se retiran con una victoria parcial. La clave de progresar, me parece, es ir más allá, levantar el techo y seguir probando a ver qué pasa. Yo me pude haber conformado con correr media maratón, que ya de por sí es una proeza, pero me hubiese perdido la maravillosa experiencia de terminar los 42 km.

Cada uno hace lo que siente y lo que le llena. Pero lo bueno de progresar físicamente es que, haciendo las cosas bien, no necesariamente tenemos un límite.

Ahora sí, las fotos las semanas anteriores, y la de hoy:

Semana 1: Día 1

Semana 3: Día 15

Semana 5: Día 29

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