Semana 8: Día 52: Sumando experiencia

La costanera de Rosario es ideal para entrenar y hacer turismo

Hoy entrené por las calles rosarinas, y a fuerza de cometer algunas metidas de pata, aprendí algunas cosas.

Mi padre suele decir “Los errores no existen, todo es aprendizaje”. Y es una excelente filosofía: todo, aunque parezca que lo hicimos mal, nos suma en conocimiento.

Recordemos que estoy en Rosario por cuatro días, a causas de una convención de comics (todavía no enganché a Jim Lee para que me dibuje un Batman). Es por esto que el miércoles sólo dormí una hora, y el día de ayer estaba muy cansado. Aunque podía buscar el momento para hacer actividad física, lo mejor era descansar. Me guardé en el hostel y me acosté temprano.

Por la mañana me improvisé un desayuno que estuvo fuera de mi esquema. Siempre me preparo un vaso de yogur descremado con media taza de cuadritos de avena (además de mucha agua). Mi nutricionista hubiese preferido que variase el menú, pero siendo que antes de empezar con Semana 52 jamás desayunaba, mantener esa única variante era más que aceptable. La alternativa, siendo que comprar un sachet de yogur y guardarlo para los días posteriores era algo molesto, fue hacerme un mate cocido con mucha leche descremada (en polvo, ideal para viajar), una rodaja de pan de salvado y un turrón.

Miré un mapa de la ciudad de Rosario e intenté calcular el recorrido para hacer 15 km. Decidí ir hasta la costa del río y bordearlo, en un circuito de unos 4 km. La idea era repetirlo cuatro veces. No me di cuenta en ese momento, pero cuando salí cometí mi primer error: no esperé lo suficiente entre el desayuno y el entreno. Mientras corría me empezó a doler la panza. No era como para no poder seguir, pero era algo nuevo y un poco me preocupaba. El cambio del menú matutino no podía ser, no había comido nada fuera de las recomendaciones nutricionales. Entonces caí en que había esperado tan sólo media hora desde que desayuné hasta que salí a correr. Lo ideal es entre una y dos horas, y ahora entendí por qué.

El segundo error fue, por comodidad, entrenar sin llevarme hidratación. Esa molestia que tenía en el estómago, más una sensación de resequedad y cansancio, se intensificaron en los últimos kilómetros. Un gentil hombre estaba llenando unos baldes con una manguera, y le pedí si me daba un poco de agua. Tomar cinco sorbos me refrescaron y me levantaron. Estoy seguro que en una distancia corta no habría tenido problemas, pero subestimé los 15 km. Mi plan original era hidratarme de vuelta en el hostel, pero es necesario hacerlo durante el entrenamiento. El domingo voy a ingeniármelas para que no vuelva a pasar.

Ya bastante recuperado y endorfínicamente feliz, hice mi sesión de 500 abdominales, espinales y flexiones de brazos (que me cuestan mucho, pero cada vez menos).

De vuelta en el hostel todavía no había luz, lo que molestaba mucho a los dueños. Encima había perdido mi campera con la credencial del stand, lo que los alteraba un poco más. Pero algo que también aprendí y que no califica como error, es que un buen entrenamiento te levanta la mañana. Estaba relajado, no me preocupé, y todo se resolvió solo (la luz volvió, la campera la encontré).

Todo suma en el camino de alimentar la experiencia. Hay errores que se nos escapan, pero por lo menos para la próxima ya sabemos qué no queremos hacer.

Publicado el 22 octubre, 2010 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Martín ! Me alegra que tomes tus errores positivamente. No sé si me pusiste un “cebo” con la frase “Los errores no existen, todo es aprendizaje”. Porque me siento tentado a señalarte un “error”. Los errores sí existen… en general, se denomina error a todo juicio que se contrapone al criterio que se reconoce como válido. La frase que suelo repetir es: “En la vida no existen los fracasos, son tan solo lecciones”… y la complementaria es “Las lecciones se repiten hasta que las aprendemos”. El problema es que en nuestra cultura está mal visto el cometer errores… se los considera fracasos, en lugar de oportunidades para seguir aprendiendo. Tal vez lo tuyo fue una super-sínteis… porque estás corriendo muy rápido y me cuesta seguirte.

    Vamos Martín que falta cada vez menos y te seguimos acompañado ! cada cual como puede. Un beso.

    • Claro, en realidad me refería a que los errores no existen porque los connotamos como algo negativo. Todo suma en el aprendizaje (o las lecciones). Digamos que estamos de acuerdo en el concepto. Pero no me corrijas, acordate que quedamos en que los hijos saben más que los padres…
      ¡Gracias por su compañía, Casanova(s)! Besos.

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