Semana 5: Día 34: Cuenta regresiva a la maratón

Allan Lawrence, en segundo lugar (camiseta número 178), en los 5000 metros de las Olimpíadas de Melbourne, 1956. Ganó la medalla de oro haciendo 00:14:14

Faltan siete días para la maratón. No cualquier maratón, sino la primera en mi vida.

Creo que físicamente estoy listo, aunque probablemente llegue (como pasa siempre) con lo justo, me agarrote cuando me enfríe, y no pueda subir un piso por escalera hasta mi departamento. Pero llegar, voy a llegar, aunque sea gateando.

El tema que me preocupa, obviamente, es la cabeza. Dicho en criollo: tengo bastante cagazo.

¿Por qué? Más que nada, porque tengo que superar mi marca personal en distancia, nada menos que por 12 km. Es un límite absolutamente desconocido para mí. Hasta ahora todo fue bastante paulatino, fui viendo el crecimiento de mi resistencia, pero el salto a la maratón es gigante. Jamás me acalambré entrenando o participando en una carrera. ¿Es real ese axioma de que siempre hay una primera vez para todo? ¿Será esta la primera vez que mis músculos se den de baja?

No dejo de pensar en ese “muro” a los 30 km, donde muchos corredores tienen que colgar la toalla. En ese momento voy a ser yo solo con mi cabeza. ¿En qué voy a pensar? ¿De dónde voy a sacar fuerzas? Nunca tuve que abandonar una carrera, y eso siempre me sirvió para correr mis límites más allá. ¿Y si esta maratón me muele a palos y me da un poco de merecida humildad?

A medida que se acerca la fecha, muchos corredores me dan consejos. No sé hasta qué punto escucharlos. Por ahora intento quedarme sólo con lo que me dice mi entrenador Puma Runner, Germán, y los tips alimenticios de mi nutricionista. Hasta ahora el plan de Semana 52 funcionó mejor de lo que esperaba, ¿para qué innovar?

Así y todo, lo que me da inseguridad es la falta de experiencia. Esto no es hacer mi primera carrera en el barro, como fue la Cross Country. Es llevar el cuerpo a un límite nuevo. Es una competencia mental. ¿Tendré la capacidad para mantener una actitud positiva durante los 42 km 192 mts?

Mi héroe, Allan Lawrence, hablaba de ese miedo “mortal” que uno experimenta en una maratón, y lo ligaba a la leyenda de Filípides, el corredor ateniense, que murió luego de correr esta distancia:

No importa que Filípides haya existido o no: lo que importa es que esta leyenda haya sobrevivido, y las leyendas persisten en las culturas porque satisfacen una necesidad cultural o una verdad básica (…). De modo que la leyenda de Filípides persiste: fue un corredor que corrió una distancia tan grande y a un paso tan veloz que falleció. Y es innegable, por desgracia, que ha habido corredores que han muerto mientras se preparaban para correr o mientras se estaban recuperando de un maratón. Mientras el riesgo es mínimo para el competidor medio, no tengo la menor duda de que una cuarta parte del atractivo del maratón es precisamente ese coqueteo con la muerte (…).

Probablemente no exista ninguna otra experiencia en la vida de un individuo que le haga sentirse tan cerca de la muerte como un maratón que salga mal. Preguntadle a un corredor qué siente al “tocar el muro” (…). Las imágenes que emplea son las de una emfermedad mortal: los síntomas (náuseas, mareos, debilidad, ahogo, depresión y dolor) son los peores que puede soportar el cuerpo. Muchas muertes verdaderas son probablemente más fáciles.

Pero por suerte, Mr. Lawrence termina su comparación entre “correr 42 km” y “la parca”, con un análisis alentador:

Después tenemos la otra cara de la moneda. Físicamente, a los que sobreviven a un maratón se les promete una salud mejor y una vida más larga. Algunos médicos lo dicen explícitamente: termina un maratón y no morirás de un ataque al corazón (…).

Gracias a estos factores físicos y psicológicos, el maratón suele compararse con el parto. ¿Qué otros acontecimientos deportivos pueden reclamar tal cosa? Las dos son unas experiencias intensamente físicas y profundamente emocionales, y ambas pueden originar respuestas catárticas tras el suceso; lloriqueos, euforia y, con cierta frecuencia, depresión postparto y postcarrera. Tanto el parto como el maratón comparten otra semejanza más, según yo lo veo: los dos producen una implicación emocional no sólo a causa de su esfuerzo físico sino porque cada parto perfecto y cada maratón victorioso son un triunfo de la vida.

Cada vez que leo a Allan Lawrence, recupero la confianza y desaparecen las inseguridades.

¿Podré correr leyendo?

Publicado el 4 octubre, 2010 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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