Semana 5: Día 33: La “Maratón” UP 2010

 

Un ejemplo de cómo debería ser la medalla de una carrera

 

Hoy, 3 de octubre, a las 9 de la mañana, se corrió la “Maratón” UP, una competencia que aunque cuenta con una distancia alcanzable, no deja de ser una experiencia divertida.

Pido disculpas por mi recurso obse de poner la palabra “Maratón” entre comillas. Desde hace tres años, la Universidad de Palermo organiza esta carrera de 10 km, con una opción participativa de 4 km. Como los lectores de este blog ya saben (o se pueden enterar ahora), el desafío de 42 km nace no de un capricho, sino que es la distancia que hay entre la ciudad de Atenas y la de Maratón. Mucha gente tiene el concepto erróneo de que esta palabra sirve para describir “carrera con muchas personas”, pero no es así.

Dejando de lado la sección obse del blog, la carrera de la UP estuvo muy bien organizada. Ya se nota el compromiso de esta institución por la puntualidad en la largada. Mientras avanzaba hacia el tercer kilómetro, veía compañeros Puma Runners que, por haber perdido un tren, llegaban tarde y se perdían de la competencia.

Para mi, este desafío fue uno de los últimos entrenamientos “fuertes” antes de la maratón (sin comillas), que voy a correr el próximo domingo (me gusta que la fecha sea 10/10/10). En el entrenamiento de ayer, día en el que un auto casi termina con mis aspiraciones deportivas, hicimos un trote breve y muy tranquilo, porque la expectativa estaba puesta en la carrera de la UP. Charlando con el Puma Runner Dany, me comentó que iba a empezar tranquilo los primeros 5 km, para después acelerar en la última mitad. Lo que se llama correr en progresión. Su estado físico es excelente, y es otro de mis referentes dentro del grupo. Pero a Germán, nuestro entrenador, no le pareció una buena idea que me acople a ese plan.

“Martín, mañana tenés que volar”, sentenció.
“Ok, pero puedo ir con Dany, que tiene buen ritmo”
, respondí.
“No, él está entrenando para una cosa y vos para otra. Mañana tenés que volar”
, insistió.
“Bueno, ¿5 minutos el kilómetro te parece bien?”
, concedí.
“No mariconees, mañana tenés que volar”
, insistió nuevamente.
“El tema es que no tengo forma de lograr elevación aerodinámica o flotabilidad aerostática,
así que no usemos más la metáfora de volar”, le hubiese respondido, pero se me ocurrió recién hoy…

Me desperté con algunos nervios, por la importancia que le estaba dando a esta carrera como entrenamiento, y porque en la edición de la UP 2009 empecé corriendo rapido, y en el km 5 tuve que bajar bastante el ritmo: me había quemado. El tiempo total que había hecho tampoco fue malo, la terminé en 49 minutos 36 segundos. Pero si hubiese corrido con más inteligencia, quizá mi desempeño hubiese sido mejor. Y esa era la presión que me estaba imponiendo.

Decidí desayunar una ración extra de hidratos (dos rodajas de pan lactal) y partí hacia Monroe y Figueroa Alcorta, donde estaba la largada. Calculé mal el tiempo y llegué sobre la hora. Por eso no pude juntarme con los Puma Runners para salir todos juntos, así que me escabullí lo más adelante que pude, con la intención de no sufrir el apelotonamiento de la largada. Con mucha puntualidad, comenzó la carrera.

Mantuve un paso estable y exigido, con ese miedo de quemar toda mi energía muy pronto. Llegó la indicación del km 1. “Perfecto, la carrera es 10 veces esto”.

Rodeando el lago de los bosques de Palermo, cruzcé el km 2, y un grupo de jóvenes corredores dijo “Estamos haciendo buen tiempo, van 8 minutos 40 segundos de carrera”. “¡Excelente!”, pensé. “Voy bastante abajo de los 5 minutos el kilómetro, faltan cinco veces lo que ya corrí, y si me pego a estos muchachos con reloj, voy a poder mantener el ritmo”. Pero estos veloces corredores se desviaron hacia el circuito competitivo, así que a partir de ahí me quedé sin reloj.

Pasamos el km 3. “Genial, voy casi un tercio de carrera”.

Llegamos al km 4. “Bien, voy casi… em… ¿un kilómetro menos de la mitad?”.

En el km 5 llegó la hidratación, sobre la avenida Dorrego, y fue el único punto donde no vi el indicador de distancia. Unos metros antes de llegar a Av. del Libertador, pegamos la vuelta sobre la misma calle.

El km 6 estaba pasando por debajo del puente del ferrocarril, y esos cambios en el paisaje hacen que cualquier carrera sea más amena.

Casi llegando al km 7 vi que mi compañero Dany estaba unos metros atrás mío. Me dio un poco de frustración, porque yo quería correr a la par suya, con su plan de “primera parte tranquilo, segunda parte acelerando”, y me presioné para salir más rapido. Así que usé esa frustración para apretar un poco más, dar zancadas más largas, y aumentar el paso.

En el km 8 empecé a sentir signos de exigencia física. Específicamente, ese maldito dolor en las costillas del lado izquierdo. Intenté controlar la respiración, sin bajar el ritmo, y la molestia desapareció. Todo el tiempo pensaba en mi carrera del año pasado, y en cómo  la alimentación responsable y el entrenamiento intensivo de este año me estaban ayudando a hacer una mejor carrera.

El cartel del km 9 tenía la engañosa frase “Ya podés ver la meta”. Levanté la vista, y Figueroa Alcorta giraba unos 200 mts. antes del km 10, por lo que no era cierto, no veía la meta (y cuánto deseaba verla).

Cuando finalmente vi la llegada, sobre una ambulancia había un reloj digital que adelantaba el tiempo que estábamos haciendo. Me marcaba 44 minutos. Hice un sprint para el último tramo, y crucé la meta tres segundos antes de que el cronómetro oficial llegase a 45.

La recompensa llegó en ese momento, cuando además de la medalla por haber terminado nos dieron agua, Powerade, una banana, dos exquisitas rodajas de pan Orowitz, y algunos snacks que regalé porque no entraban en mi dieta.

Dany llegó pegadito atrás mío, y me contó que arrancó la carrera desde muy atrás; eso lo retrasó. Irme adelante en la largada es un truco que a veces me resulta un poco infame, pero realmente hace una diferencia de algunos segundos (o minutos) muy valiosos.

Esta carrera fue, además, la primera de algunos Puma Runners, y su felicidad por haber llegado era muy contagiosa. Para los que ya la corrimos el año pasado fue la oportunidad de medir si habíamos mejorado nuestro tiempo, además de un entrenamiento extra. El resto de la mañana fue hidratarnos, elongar, comer las delicias que entregó la organización, escuchar las historias de los que llegaron tarde a la carrera, masajes en el gazebo de Puma, fotos y felicitaciones para cada uno.

Yendo a almorzar encontramos un auto Toyota con las llaves puestas en la puerta, e hicimos la buena acción del día (buscando, quizá, sumar karma positivo, que podamos usar en la maratón). Dejamos una notita con un celular y, para evitar un robo demasiado sencillo del vehículo, nos llevamos las llaves. Fuimos a comer a un falso Carlitos, en la que fue mi último almuerzo de mi dieta “normal” antes de la maratón. Ya a partir de mañana empiezo con la alimentación diseñada especialmente para los 42 km (menos verduras y fibras, más hidratos y líquidos).

El distraído conductor del Toyota finalmente recuperó sus llaves, comimos como reyes, y volvimos a nuestros hogares. Cada uno cumplió un objetivo (la primera carrera, mejorar el tiempo, entrenar), y con un día con un clima tan espectacular, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que este fue un domingo que será digno de recordar.

EDIT: En la tabla de posiciones de la Carrera me colocan en el puesto 89 de la general, de un total de 1354 corredores. ¡No me lo esperaba!

Publicado el 3 octubre, 2010 en Carrera, Entrenamiento y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. GROSOOOOOOOOOOO!!!!

  2. jajajaj. sos un perdedor amigo jajaj pero me gusta el entusiasmo que tenes por haber llegado en 49 minutos que es pobre pero te digo que si seguis asi seguro vas a llegar lejos

    • Los 49 minutos eran una referencia a una carrera anterior, lo cual deja en claro que no leíste el artículo, sino que fuiste directamente a comentar. No coincido en que un desempeño atlético sea pobre, sin importar los tiempos. Es parte de un desarrollo. Este post lo escribí antes de correr mi primera maratón de 42 km, como claramente lo expongo. Sin esta carrera y todas las que siguieron los 5 años posteriores no hubiese podido hacer mis primeras ultramaratones, ni el Spartathlon en 2014. Y llamarme perdedor cuando elegiste como dirección de mail “fabio_elkpo”… Es bastante gracioso. Saludos.

  1. Pingback: Semana 1: Día 2: Accidente en la Maratón UP « Semana 52: Espartatlón

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