Semana 5: Día 32: Casi me pisa un auto

Vista subjetiva del automóvil que casi me atropella

El título de esta entrada no es una metáfora.

Los días sábado son mis favoritos en el entreno de los Puma Runners. Empezamos a las 9 de la mañana, y solemos hacer cosas que de noche se complican: correr grandes distancias (contrario a sólo darle vueltas al hipódromo), muchas cuestas, o encarar hacia el río. Además, por la mañana uno tiene mucha energía, está descansado (dependiendo de qué hayamos hecho la noche anterior), y cuando hace un sol como el de hoy, la motivación se multiplica.

Como mañana, domingo, corremos los 10K de la Universidad de Palermo, nuestro entrenador Germán “no me digan coordinador que esto no es un viaja de egresados” De Gregori, decidió que el trote fuese muy light, con mucha elongación. Supuestamente la carrera de mañana tengo que hacerla rápido (no tengo idea cuánto), como parte del entrenamiento para la maratón del 10 de octubre. Yo tenía la ilusión de hacer fondo (un mínimo de 20 km), y además quería probar cómo era llenar el camelback sólo con Gatorade, y recurrir a eso como hidratación. Pero sólo hice 2 km y después a estirar un buen rato.

Germán notó mi frustración, además de que sabe que no quiero estar un día sin entrenar algo (running, musculación, lo que sea), pero me dijo que me tenía que cuidar. “Si te rompés ahora, tiramos a la basura un mes de trabajo”. Ok, me contengo. ¿Puedo correr la YPF del 24 de octubre? Son 50 km, 35 de bici y 15 corriendo. “No vas a llegar después de la maratón, es dos semanas después”. Ok, reprimo la ansiedad.

Volví a mi casa y me hice el almuerzo. Después de guardar todo en un tupper, agarré la bici y partí hacia el Espacio Moebius, el local de diseño que comparto con dos amigos. Yo suelo trabajar en mi casa, pero uno de mis socios, Tin, ganó un subención que le pagó el pasaje a la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania, mientras que Rodrigo partió a atender un stand en Trimarchi DG, en Mar del Plata. Con 2/3 de la sociedad de viaje, me tocó abrir y cerrar el local viernes y sábado. Y realmente me gusta andar en bici, pero detesto el tráfico. Como había entrenado poco, me pareció una buena idea dejar de lado mi desprecio por los autos y el pésimo respeto de los conductores hacia el resto de la raza humana, y hacer esos 20 minutos de bici que unen Palermo con Almagro.

El entreno me había ocupado toda la mañana, y como estaba abriendo el local una hora más tarde que de costumbre, fui pedaleando a máxima velocidad. El trayecto es bastante simple: Dorrego derecho, doblar en Av. Corrientes, que tiene carril preferencial de bicicletas, hasta llegar a Bulnes. Cuando estaba llegando a la esquina para tomar Corrientes, el semáforo cambia a amarillo. Muchas personas impacientes ya estaban paradas en la calle, no queriendo perder un segundo para poder cruzar. Yo doblaba a la izquierda en una calle doble mano, y la gente me interrumpía el paso. En eso, con el rabillo del ojo, vi a un auto celeste venir hacia mi a toda velocidad, y recién cuando cruzó Corrientes y vio que yo no avanzaba, clavó los frenos. En una décima de segundo (que duró una eternidad), me pregunté si iba a sobrevivir el choque. Logré avanzar lo suficiente entre la gente que quería cruzar, y el auto me pegó, frenando, en la rueda trasera. Mi bicicleta y su carrocería (que vengo a ser yo) giramos 90 grados por el impacto, y el conductor avanzó todavía unos 5 metros más.

Lo primero que intenté asegurarme era de estar intacto. Después vi el estado de la bici. La rueda tenía la forma de una papa Pringles. Me abstendré de reproducir los insultos que le grité al conductor, que estacionó a un costado. La gente se agolpó, quizá esperando una golpiza, pero recuperé la calma, decidido a que el responsable pagase por mi bicicleta. Me acerqué y le pregunté si se daba cuenta que había cruzado en rojo. “No, crucé en amarillo” se defendió, como si esa luz no indicara frenar más que acelerar. Una señora, indignada, le dijo que era su culpa. Un hombre se sacó los auriculares del iPod y opinó que la responsabilidad nos cabía a los dos. Otra mujer me miró y sentenció “la culpa es del de la bici, cruzó mal”. Probablemente el de los iPod estuviese en lo cierto, así que lo dejamos en un empate de imprudencia. El conductor me ofreció llevarme a una bicicletería. Abrió el baúl, corrió dos cajas de pizza caliente que tenía guardadas ahí (lo juro) y colocamos los restos de mi rodado.

Ya en el auto me dijo “No te preocupes, lo importante es que no te pasó nada”. En la bicicletería cotizaron el arreglo en $60 (esperaba mucho más), el conductor me dejó el dinero y se fue, seguramente a comer pizza recalentada con su familia.

Una hora después, tuve una rueda nueva, y retomé mi camino hacia el local, bastante atrasado.

Esos 60 minutos en que veía cómo sacaban la rueda y enderezaban el cuadro a los martillazos, me permitió pensar. ¿A cuánto pasó el auto de mi pierna derecha? ¿30 centímetros? Si me hubiese chocado de lleno, probablemente hubiese sido el fin de Semana 52. O quizá hubiese dedicado los siguientes meses a contar sobre huesos fracturados, yesos, muletas y rehabilitación. Se me vinieron a la cabeza las palabras de Germán: “Si te rompés ahora, tiramos a la basura un mes de trabajo”.

Mientras iba hacia Moebius por el carril preferencial para bicicletas, pensaba en la ironía de un corredor que se juega la vida por estar apurado. Más allá de que la Ciudad de Buenos Aires se caracteriza por tener los conductores más irresponsables de la galaxia (que creen que las normas de tránsito son para los demás menos para uno mismo), me di cuenta de que por ganar tres o cuatro minutos nos exponemos a situaciones de innecesario riesgo. Si hubiese ido más tranquilo, probablemente no habría estado en esa esquina en el instante exacto en que un conductor con pizza enfriándose en el baúl quería ganarle al semáforo.

Hay ciertas carreras con remeras oficiales, puestos de hidratación y medallas, que valen la pena hacer. Pero correr en el día a día, para ganarle al tránsito, con el único premio de ganar unos segundos, no justifica el riesgo.

Publicado el 2 octubre, 2010 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. SF-CBA. Semana 2:día 8: Hola Martín. Empiezo mi segunda semana y noto realmente una mejoría en mi capacidad física y aeróbica. Siento un mejor estado de animo-euforia. Sirvió y mucho el descanso del día de ayer para recuperarme física y mentalmente. Aprendo a la par tus experiencias y relatos que posteas. Son interesantes y siempre hay alguna enseñanza para tener en cuenta. y como decís en posts anteriores primero es un ejercicio mental y segundo mantener una disciplina diaria. Sigamos así que vamos bien. Te sigo. Guillermo

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