Semana 4: Día 26: Preparándome para la maratón

Uno de los objetivos de este blog/plan de entrenamiento era llegar a correr una maratón, una distancia 42 km que jamás alcancé. De hecho, ni siquiera la consideré para este año. Pero por esas cosas que tiene la vida, en 14 días voy a estar corriéndola.

Se conjugaron varias cosas para acelerar esta decisión. Primero, la dieta que estoy haciendo, que muchos consideran aburrida y muy estricta, está funcionando. El martes que viene mi nutricionista me va a volver a medir el peso y la proporción de grasa y músculo, y veremos si estoy en lo cierto. Segundo, ya estoy pasando esa barrera física del entrenamiento, en donde los músculos se están adaptando al nivel de exigencia extra. Tercero, Yayo, un compañero Puma Runner, después de adularme innecesariamente por este blog, me propuso correrla juntos. Es más, lo planteó como un desafío: él me anotaba, y si yo corría la maratón, él me regalaba la inscripción. Si me echaba atrás, le tenía que devolver el dinero (más un 50% de interés, conocido como el impuesto al gonca).

Luego de la aprobación de Germán, mi entrenador (sí, dejé terapia pero sigo consultando todo), cerramos el trato con Yayo, mientras elongábamos durante un entrenamiento. Entusiasmado por la idea, ese día nos mandamos 25 km a un muy buen ritmo. Llegué con mucho resto, con optimismo y muchas ganas de que ya sea 10 de octubre.

No sé en qué tiempo voy a terminar mi primera maratón, pero estoy convencido de que voy a llegar a la meta. Y ya que estoy, le quiero agregar un poco de condimento: voy a intentar terminarla en menos de 4 hs 12 minutos. Para eso voy a tener que sostener un paso de 6 minutos por kilómetro. Jamás corrí esa distancia, pero sí corrí, sin parar, 3 hs 44 minutos en la última Merrel de Pinamar (27 km en las sierras), así que puedo exigirle al cuerpo aguantar 30 minutos más.

Puede que en los próximos días vaya escribiendo sobre la previa de una maratón, porque todavía tengo mucho para aprender. Dicen los que saben que, físicamente, estoy ahí. Va a ser un esuerzo desgastante, que no me va a matar como a Filípides, pero que me va a dar una satisfacción enorme. Este desafío se corre con la cabeza, y aunque tengo que mantener el entrenamiento físico, es la mente la que se tiene que ejercitar. ¿Cómo? Visualizando la meta, entendiendo que lo difícil es aguantar la monotonía de 4 horas de trote, convenciéndome de que puedo hacerlo.

Los límites están en la cabeza (no me canso de repetirlo), y si no corrí una maratón hasta ahora, en algo tuvo que ver que la mente pensara que yo no podía. Ahora empiezan los ejercicios de repetir, para mis adentros, “sí, puedo”…

Publicado el 26 septiembre, 2010 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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