Semana 4: Día 23: Cuánto cuesta entrenar

Les voy a ganar de mano a mis amigos, quienes van a acusarme de rata por este post

Desde que empecé este blog, que se replica en otros sitios como Facebook, Twitter, la página de Puma Runners o en Irrompibles, leí varios comentarios acerca de lo caro que es entrenar o correr carreras. Y si bien es cierto que todo lo bueno en la vida requiere una inversión, no necesariamente tiene que ser monetaria.

Las carreras tienen siempre un costo de inscripción. Por una suma que generalmente está entre los $100 y los $150, corremos con la remera oficial. Excepto el pedazo de trapo que nos dieron en la Merrel de Tandil 2010, siempre han sido de buena calidad. Además del derecho a participar en la competencia, con este dinero nos aseguramos hidratación en distintos puestos de control (agua y Gatorade), servicio de emergencias, frutas, una medalla que acredita que terminamos la carrera y el servicio del chip que nos da el segundo exacto en que cruzamos la meta. Y ese dinero que invertimos en anotarnos no es tanto más caro que ir a comer afuera, con película, pochoclo y vaso gigante de gaseosa. Además es más sano, y cualquiera puede alardear de haber terminado una carrera, mientras que a nadie le importa que hayas terminado de ver Avatar en 3D.

Por supuesto que hay carreras que son más caras. El costo aumenta si el desafío está en una ciudad alejada, o en otra provincia (por el traslado y hospedaje). Ni hablar de competencias como La Misión o El Cruce de los Andes, donde la inscripción aumenta exponencialmente, requiere un equipo especial, etc. Pero no suele ser un valor superior a irse de vacaciones. Y de eso se tratan estas carreras de aventura, de irse de la rutina lo más lejos posible. Que sea algo mejor que si nos vamos a Mar del Plata, por ejemplo, donde todavía nos vamos a encontrar esas cosas de ciudad como el murmullo de miles de personas, peatonal, bocinas, etc…

Todavía no pude dar el salto para participar en estas carreras más duras, principalmente por una cuestión física. Pero es un objetivo que forma parte de Semana 52. Aunque no lo logre hacer dentro de este año, sé que el entrenamiento me va a ayudar a enfrentar estos desafíos en 2011.

¿Hay que invertir mucho dinero si queremos correr por las calles de la ciudad? Probablemente no. Si estamos iniciándonos, no hace falta tener las últimas zapatillas, ni la remera dry-fit o el pantaloncito que trae adentro una calza. El tema es estar cómodos y empezar. Correr 20 cuadras por día no es el mismo desgaste que hacer 50 km semanales. Se puede comenzar con lo que tenemos, ir aclimatando el cuerpo, midiendo nuestros límites, y a medida que vamos creciendo, ver en qué nos hace falta gastar dinero. Pero, como decía al principio, un entrenamiento no necesariamente implica lo monetario. Algo en lo que no es barato hacer actividad física es el tiempo: no podemos escatimarlo, y necesitamos invertir mucho de él. Al principio puede ser poco, media hora por día. Pero vamos a tener que ir encontrando un momento para dedicarnos sólo a eso. La mañana es ideal porque estamos descansados y con alto nivel hormonal. Si no podemos madrugar, todavía nos queda la noche. Lo recomendable es que sea un momento donde nuestra ausencia “no se note”, para que sea lo más “barato” posible para nuestra rutina.

En el caso de la alimentación, es el único punto donde no podemos ahorrar ni tiempo ni esfuerzo. El crecimiento que obtenemos cuando nos alimentamos adecuadamente es enorme. Hay inversiones monetarias que ayudan, como instalar un purificador en la canilla de la cocina, en lugar de comprar agua mineral constantemente (la hidratación es importantísima, hagamos deporte o no). Y, si de hacer actividad física se trata, los productos no suelen tener el mismo precio en todos los comercios. Así que podemos caminar unas cuadras para darnos cuenta que ese botellón de 6 litros que en la esquina de casa cuesta $8,50, a cuatro cuadras, cruzando el paso bajo nivel, lo venden a $7,20. Ese $1,30 que nos ahorramos va a una lata, para financiar la próxima carrera o las zapatillas nuevas. Un error que yo cometía si no tenía plata era comprar lo mínimo indispensable de alimento, como arroz, fideos y milanesas de soja. Yo creía que con eso me alcanzaba, y como vimos cuando visité a la nutricionista, fue un error, por más que ya estaba corriendo dos o tres veces por semana.

En definitiva, podríamos afirmar que lo mejor de entrenar es que requiere una inversión mínima y da muchas satisfacciones. Nadie te va a pedir dinero para ir a correr a la plaza, o por trotar por las calles de tu barrio. Lo único que vamos a gastar es energía, y siempre vamos a tener mucha más de la que imaginamos. Aunque el dinero escasee, cuando decimos que nunca podremos entrenar o participar en carreras porque no tenemos plata, tendríamos que preguntarnos si realmente es ese el motivo. Dar los primeros pasos es lo difícil. Una vez que empecemos, con ingenio y mínimos recursos, las cosas se irán acomodando solas…

Publicado el 23 septiembre, 2010 en Alimentación, Consejos, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Semana1: Día 6: Día a día voy sintiendo menos los dolores “residuales”. Esta primera semana arranqué tranquilo, con un trote regular y constante, con la intención de completar el circuito elegido. Y hasta hoy lo había logrado felizmente. Pero el cuerpo me marcó un limite y tuve que caminar en algunos tramos para llegar al punto de partida/llegada; el agotamiento muscular me sugirió caminar antes de lesionarme y no poder proseguir en los próximos días con este proyecto, con el cual estoy entusiasmado. Respetando las enormes diferencias, a Dios le llevó seis días crear el universo y se tomó el séptimo para descansar. No lo tomes a mal pero mañana lo “sigo” a Él. Hay que recuperar energías y permitirle al cuerpo que se estabilice. Un abrazo. Guillermo

    • Guille, parte de entrenar es también descansar. Excepto los que buscan récords mundiales corriendo 50 maratones en 50 estados diferentes, o 365 maratones en 365 días, el resto de los mortales necesitamos hacer reposo, que los músculos se recuperen… ¡y que crezcan! Porque lo hacen cuando no entrenamos. ¡Ya una semana superada! ¡Felicitaciones!

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