Semana 2: Día 11: Noche de fiesta… y sin alcohol

No es tan terrible ser el único que no toma de tus amigos

Ayer, viernes a la noche, fui a mi primera fiesta como abstemio transitorio.

Los Puma Runners festejábamos la fiesta Lionx, donde se prometían hamburguesas, bebidas, y música, a cargo del Dj Newton Garay. Cada invitado tenía que llevar algo para beber, y yo llevé un agua sin gas. Había, claro, una importante cantidad de vino y cerveza, además de que contábamos con ese espantoso jarabe oscuro y burbujeante que en los garages se usa para separar los tornillos y las tuercas oxidadas (Coca-Cola).

Como el público se renueva, voy a clarar que el 21 de agosto de 2010 abandoné el alcohol, al menos hasta llegar a la Semana 52 de este entrenamiento. Y siendo que me acostumbré a beber socialmente para divertirme, no sabía bien qué esperar de esta fiesta. Encima, mis compañeros Puma Runners me recordaban como el tipo desenfrenado que en Pinamar había bailado toda la noche, y me pedían que repitiera mi pasito marca registrada. Pero “sin alcohol no me va a salir” les decía, lleno de un sobrio pánico.

No voy a decir que fue fácil no caer en la tentación de las papas fritas y la cerveza. Encima este fue el primer día en el que no hice ningún tipo de actividad física. Muchos me insisten en que el cuerpo necesita, de tanto en tanto, un día de descanso, y la rutina de ese viernes ni siquiera me dio tiempo a hacer unas abdominables en casa. Todos se pasaban el alcohol de mano en mano y parecían estar pasándolo bien, y yo seguía en un rincón con mi vasito de agua sin gas y bajo contenido de sodio… Pero cambiar de actitud o dar un giro en tu dieta no tiene por qué ser fácil. Si no, no sería un desafío.

Apenas comenzó la música, con un show de luces de Dj Newton Garay, fui inmediatamente a la pista. Empecé a moverme, algo convencido de que todo el mundo miraba mis torpes movimientos de piernas. Pero pronto empezó a sumarse más gente, y de a poco me fui soltando más y más, hasta que pasé esa barrera de la inhibición y bailé como se me dio la gana. Realmente me hizo muy bien.

Después de esta experiencia, aprendí algunas diferencias entre una fiesta con y sin alcohol:

  • Al día siguiente no tuve resaca.
  • Me acuerdo de todas las cosas que hice y dije.
  • No le hice ojitos ni propuestas indecentes a ninguna mujer ni hombre.
  • Me sentí mejor conmigo mismo, porque bailar fue una decisión consciente y no algo “responsabilidad” de haber tomado.
  • No me deshidraté (una consecuencia del alcohol).
  • No me duelen los riñones.
  • Supe cuándo descansar (si hubiese tomado quizá hubiese ignorado unos tirones en los gemelos, producto de mi entrenamiento).
  • No hice el ridículo adelante de mis amigos (no, un momento, creo que hice exactamente el mismo ridículo que cuando tomaba).

Y así fue cómo me divertí el viernes a la noche, comprobando que estaba muy equivocado en que para soltarme necesitaba tomar. Es muy de manual de psicología eso de que no nos animamos a hacer algo porque creemos que los demás están juzgándonos, cuando en realidad quienes nos juzgamos somos nosotros mismos. Hay que saber ser menos estrictos con nuestra persona.

El domingo 12 tengo la carrera de los 21K de la Ciudad de Buenos Aires, así que cuando sentí algún tirón en una pierna, decidí bajar el ritmo para no llegar resentido. En medio de la música, le pregunté a mi entrenador si el baile era un buen reemplazo del entrenamiento que me había salteado. Me miró como reconociendo que acababa de decir una ridiculez, y respondió “No”.

Seguí bailando y pensando.

“¿Tampoco es un buen ejercicio para los gemelos?”, volví a preguntar. Él pensó un poco más su respuesta, y sentenció: “No”.

Tanteé mi remera y mi frente. Estaba empapado de transpiración.

“Bueno, por lo menos quemé unas cuentas calorías, ¿no?”, me dije a mi mismo. Y seguí moviendo el esqueleto toda la noche.

Publicado el 11 septiembre, 2010 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Bienvenido a mi mundo my friend!!!

    Toda mi vida fui el sobrio de la fiesta y nunca la pasé mal. Me acuerdo de cosas que nadie se acuerda y nunca me mandé un cagadón.

    Nuestra diferencia es que mi no me tienta porque nunca renuncié a la bebida, simplemente nunca tomé…
    En fin, pruba 1 superada. Y la prueba 2?? Me refiero a las mujeres, a la valentía de hablarles sin una bebida espirituosa encima…

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